www.marialuisaaguilo.com

  • Aumentar fuente
  • Fuente predeterminada
  • Disminuir fuente


Maria Lluïsa Aguiló: era cuando entonces

FRANCESC BUJOSA



bujosaUno de los grandes obsequios que el verano, que ya acaba, nos ha ofrecido es la exposición en Ses Voltes de la obra de los últimos años de Maria Lluïsa Aguiló. Me gustaría advertir de antemano que ésta, la mía, no puede ser una crónica ni objetiva ni desapasionada: cuando era joven tuve una inolvidable relación personal con la actual catedrática y pintora. Fue una relación que, por expresa voluntad suya, se limitó a una buena amistad. Una amistad limitada, ay, pero del todo fructífera para mí. Y es que Maria Lluïsa me enseñó algunas cosas fundamentales del mundo del arte, quizás también de la vida. La primera fue que la belleza no era ni es el objetivo fundamental, ni siquiera el más importante, de la actividad artística. El arte -me dijo- era, antes de nada, un camino de exploración en la vida del hombre en el que la frustración, la melancolia, el dolor, la desesperanza, el olvido, el desamor y el padecimiento ocupan seguramente más espacio que el gozo y el placer.

Aleccionándome de este modo, Maria Lluïsa consiguió que con los primeros y creo que únicos dineros ganados con el ejercicio privado de la medicina -un elegante diagnóstico de una ictericia- comprara una obra de Miquel Martí Company denominada Deprido/deprimente, que todavía guardo y con la cual a veces me identifico. La segunda cosa importante que me enseñó Maria Lluïsa lo hizo imediante un "papel" que me regaló y en el cual, gracias a su sabio dominio de los ocres, granates, marrones, amarillos y verdes, se representaba de manera magistral un paisaje otoñal de los valles de Andorra. Comprendí, gracias a aquel paisaje de un verano ya vencido, que el tiempo -el paso del tiempo- es, como en literatura y música, también el tema nuclear de la pintura. Los impresionistas nos lo dejaron claro y Maria Lluïsa me ofreció su generosa pedagogía. Era cuando entonces, como nos enseñó a decir Onetti.

En el catálogo de la exposición de Ses Voltes figura una magnífico texto de Lleonard Muntaner. Es un escrito sabio y bien documentado. Pocas cosas razonables o razonadas puedo añadir yo a las que dice el polifacético y estricto editor. Únicamente, si me lo permiten, expresar dos de las muchas e intensas emociones que sentí cuando visitaba la exposición en dulce compañía. La primera fue la de poder constatar la firmeza, la valentía, el trabajo nunca escatimado, la pasión, casi la testarudez con la cual Maria Lluïsa defiende su punto de vista, sus convicciones. No ha cambiado mucho en este aspecto desde entonces. Algún espectador inadvertido podrá pensar que hay una cierta reiteración en los cuadros que se muestran en Ses Voltes. Se equivocará: hace falta no confundir la repetición con la insistencia. La insistencia es la condición "sine qua non" del que denominamos personalidad o estilo. Esta faceta infatigable la demuestra Maria Lluïsa de manera bien patente en unos cuadros en que invierte la historia de la representación.

Sabido es que la humanidad hizo un gran paso adelante cuando hace miles de años aprendió a representar la realidad: caballos, bueyes, ciervos, hombres, flechas, etc. Estas representaciones fueron esquematizándose y se dio paso a la escritura ideogràfica y, después, al gran salto que supuso la escritura fonética, en que ya no se representaban ni objetos ni ideas, sino únicamente los sonidos: los sonidos que formaban palabras. He dicho que Maria Lluïsa ha explorado esta evolución en sentido inverso: de como la escritura puede convertirse en representación iconográfica, paisaje sorprendente y entrañable. Un encuentro del todo innovador, que requiere atención. Pero no quiero acabar sin referirme a la otra emoción que he prometido confesar. Es la que me suscitaron las esculturas llenas de ternura, gracia y elegancia que Maria Lluïsa ha dedicado a las manos. Cuando las veía, no pude evitar recordar la canción de Gilbert Becaud titulada Mes mains, una canción que Maria Lluïsa y yo escuchamos no pocas veces gracias a un vinilo que me había regalado, para introducirme en la buena música, su tío Joaquim Mesquida Aguiló. Era cuando entonces.

Agosto, 2009
Artículo publicado en el Diari de Balears

Obra que ilustró el cartel de la exposición Maria LluïsaAguiló / Obres 1996-2009
Ses Voltes, Palma, 2009

Gestualitats, 2004
Técnica mixta sobre tela, 46 x 61 cm

Fotografía Joan-Ramon Bonet