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Pintar la voz, escuchar las imágenes

pere nicolau


perenicolauHará casi diez años que Maria Lluïsa Aguiló me pidió si podía hacerme un retrato, dentro de una iniciativa del colectivo de arquitectos. Cuando fui a su estudio y me senté delante de sus lápices me di cuenta que Maria Lluïsa no sólo capta la gente que retrata por aquello que ve, sino por lo que escucha.

La interesante conversación que se va a producir entre la retratista y el retratado fue, sin duda, un elemento de trabajo de esta notable artista. He tenido la ocasión de comentar este hecho y su trabajo en la presentación en el año 1984 de la exposición de ochenta y dos retratos en el Colegio de Arquitectos.

Por eso, cuando Bernardí y Lluïsa me invitaron a ver su trabajo sobre la artista Tamara de Lempicka, pensé en las dificultades que la “falta de conversación de trabajo” habría supuesto para la pintora.

No va a ser así. Maria Lluïsa Aguiló se situó, tanto en sus pinturas como en sus explicaciones, en el mundo de aquella artista. Como me sucedería a mí, pero en esta ocasión con un personaje que no se puede expresar excepto con lo recuerdos gráficos, se había conseguido más cosas que unas imágenes.

Al igual que ya había hecho con María Callas, Maria Lluïsa Aguiló ha hecho muchos cuadros a partir de una sola persona. Justo a la inversa que cuando retrataría a los ochenta y dos arquitectos. La diferencia no es, no sólo, la personalidad de los retratados. Hay una nostalgia creadora en el recuerdo de las dos artistas escogidas. Dos personalidades del arte a las cuales los pinceles de Maria Lluïsa Aguiló han conseguido hacer  elocuentes a partir de su silencio.

Diciembre, 1993


A propósito de la exposición  Visió de Dona, 1993
Centro Cultural de La Misericordia, Palma
Homenaje a Tamara de Lempicka
Fotografía Joan-Ramon Bonet