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pym1Pintura y música en esencia

PILAR SERRA


Maria Lluïsa Aguiló es una persona vital e inquisitiva, que no para de hacer preguntas y proponer reflexiones; está llena de curiosidad intelectual e involucrada en una continua búsqueda de respuestas. Posee un carácter muy sentimental y una manera particular de demostrarlo. Es positiva y activa, disfruta de los conciertos y del cine, de andar por la ciudad y nadar en la playa y, sin darse cuenta, se encuentra completando nuevas colecciones.

Siente una gran afinidad por sus amistades, pero mantiene celosa su libertad. Le gusta la gente dinámica y extrovertida, que tiene un interés por algo, ya que lo que más detesta es la falta de aspiraciones, la desidia. Los malos modales le alteran, por lo que necesita sentirse rodeada de gente educada y sensible, aunque lo que más valora es su espacio y se reserva una parcela que no comparte con nadie. Necesita su tiempo de recogimiento; cuando no dispone de ello, le afecta como si no hubiera dormido. Busca el equilibrio continuo entre su mundo interior y las relaciones personales.

Su formación; compaginar la enseñanza con la necesidad de crear
Nació en Palma en 1952; fue la única niña de cuatro hermanos. Ya desde joven le gustaba mucho el dibujo, por lo que con tan sólo diecisiete años se trasladó a Barcelona para cursar Bellas Artes. Al acabar la carrera decidió presentarse a las oposiciones para obtener la cátedra. Le interesó dedicarse a la enseñanza, para poder ser libre, hacer lo que quisiera sin tener que depender del mercado del arte para sobrevivir. Pensaba que dedicarse exclusivamente a la pintura le habría limitado, y que de aquella manera lo podría compaginar.

Al principio trabajó como profesora no numeraria en escuelas privadas homologadas y en el Instituto Emperador Carlos de Barcelona, haciendo estampados en el estudio de Mario Resmini, mientras se preparaba para la oposición. Transcurridos dos años viajó a la capital para examinarse. Dichas pruebas duraban todo un mes, por lo que buscó una habitación donde hospedarse y montar temporalmente su estudio.

Una vez superadas las pruebas le otorgaron una plaza en el Instituto Cristóbal de Monroy (Sevilla), donde permaneció hasta 1978, fecha en la que volvió definitivamente a la isla. Su primer destino como profesora en Mallorca fue el IES de Llucmajor que entonces se llamaba Mª Antonia Salvà, en el que se mantuvo trabajando a lo largo de nueve años, por la dificultad que suponía trasladarse, ya que por aquel entonces sólo había una plaza de catedrático por instituto. Seguidamente estuvo un año en el IES de Son Rullan y, finalmente en el IES Madina Mayurqa hasta el día de hoy.

Su dedicación a la enseñanza se interrelaciona continuamente con su carrera artística, sobretodo en relación a dos aspectos básicos: por un lado, el contacto diario con los alumnos; y por otro, toda una serie de propuestas didácticas en el campo del arte, que realiza desde sus inicios como profesora hasta mediados de la década de los noventa.

Se nutre diariamente de la frescura y espontaneidad de los alumnos. A diferencia de las personas adultas y de los artistas, con sus excentricidades y egocentrismos, los niños no tienen reservas. La facultad de la eterna sorpresa existente en la visión de los más pequeños, algo que ella procura mantener. Dicha percepción le otorga luz, permitiéndole ver las cosas con más claridad.

pym2Proyectos didácticos
En relación a las instalaciones didácticas es necesario remarcar que anteriormente ya las simultaneaba con su dedicación a la pintura. Llevó a cabo exposiciones y montajes con los alumnos de los institutos de Sevilla y Llucmajor; no eran monográficos pero constituyeron la semilla de posteriores trabajos. Por ejemplo, en el segundo desarrolló un proyecto creativo relacionado con la gastronomía, y otro con la industria del calzado, en la que realizó una instalación de gravilla coloreada, que más adelante retomará en el espacio Sert de la Fundació Pilar i Joan Miró a Mallorca. No obstante, las principales se sucedieron entre 1993 y 1996, con los jóvenes de Madina Mayurca.

Fue premiada en dos proyectos que presentó a la Fundación Pilar i Joan Miró a Mallorca. El primero lo recogió en 1993, y consistió en una exposición en s’Escorxador de Palma, confección de disfraces y diversas instalaciones en la Fundació: gravilla coloreada delante del estudio Sert, figuras flotantes en los recintos acuáticos, dirección y organización de pastas mironianas y creación de grafittis. En el otro, dos años más tarde, ganó la Mención de Honor del Premi per a programes o proyectes didàctics referits a Joan Miró, conjuntamente con Maria R. Horrach, Isabel Miralles Lozano, Blanca Roselló Chacártegui i Bàrbara Flaquer Ferrer. La cuestión planteada fue: ¿Qué hubiera sucedido en el arte sin la presencia de Miró?.

Realizó tres exposiciones-homenaje en la Fundación la Caixa, en las que los alumnos de Madina Mayurqa investigaban sobre un personaje y reinterpretaban su obra. En 1994 presentaron dos: una estuvo dedicada al pintor Anglada Camarasa, y en ella plasmaron diversos aspectos de las obras más significativas del artista; la otra se orientó a la figura y obra del Archiduque Luis Salvador, y el resultado fue un abundante conjunto de piezas que ilustraban la vida, las costumbres, la flora, la fauna y la sociedad descritas por dicho autor. Al año siguiente el protagonista fue Robert Graves, en colaboración con la Escola d’Art de Palma; los alumnos se adentraron en el universo mitológico del escritor y plasmaron artísticamente su simbología.

La familia, la madre y el aspecto femenino
La mujer y la familia son dos aspectos fundamentales que condicionan su obra. Ella es una mujer sensible enamorada del arte y la belleza, pasión que ya le fue inculcada desde pequeña en su familia.

En 1975, cuando acabó la carrera, se casó con Bernardí Seguí. Entre 1978 y 1988, nacieron sus tres hijos: Gabriela, Pau y Pedro. Su marido le influirá, entre otras muchas cosas, en la apreciación del espacio y la atracción por la arquitectura. En cambio, a sus hijos, serán ambos quienes les inculcarán el hecho artístico, la pintura y la arquitectura. Todos ellos aparecen en su obra, concretamente en los retratos de Mirades Protegides, en los que se puede percibir la psicología de cada uno.

Sin embargo, su madre fue el personaje que más le condicionó a largo de toda su vida. Fue una persona muy potente y absoluta, a la que admiró siempre, aunque con cierto distanciamiento ya que era inaccesible. No otorgaba ningún tipo de concesiones a nadie; su mirada nada tenía que ver con las cosas terrenales, era muy exclusiva y cargaba con un magnetismo envolvente, lo que propiciaba que los demás no existiesen para ella y que sólo prevaleciese su propia imagen.

La vivencia con su madre le ha provocado una serie de reacciones que ha necesitado plasmar en su obra. Ha utilizado la pintura como un arma para canalizar todo aquel amasijo de sentimientos. Su madre, sus aspectos femeninos y familiares, siempre han estado presente en sus telas: en un primer momento, la identifica con el personaje de Tamara Lempika, una mujer poderosa a la que nada se antepone. Ella en cambio, se autorretrata como Maria Callas, en el papel de hija que implora hacia la madre. Posteriormente, también en la serie de Mirades Protegides, refleja su afán de protección, y en el conjunto de telas dedicadas a Medea, la madre es incapaz de reaccionar ante la irrevocable destrucción que ha creado y para ella el fin de la tragedia conlleva su definitiva superación.

pym3Un elemento fundamental: el hábitat de trabajo
Aguiló ha valorado como artista que todo el mundo tuviera un sitio para hacer sus cosas. Disponer de un espacio para trabajar siempre le ha influido. Cuando vino a Mallorca vivió un año de forma provisional en casa de sus padres, hasta que su marido volvió a la isla y se compraron un piso por la zona de la plaza del Obelisco. Enfrente alquilaron otro, que convirtieron en el estudio de ambos.

En 1994 se trasladaron a su residencia actual diseñada por Bernardí Seguí, que contiene los lugares de trabajo en la misma la casa. Esto le facilitó muchísimo la organización y hoy es una de las cosas que más aprecia. Para ella es una mezcla de placer y necesidad poder encerrarse cada día en el estudio.

Suele pintar por la mañana antes de ir al instituto. La mejor luz es la de las primeras horas del día. Además es cuando tiene la mente más fresca y aprovecha para plantear todas las ideas. Piensa en los conceptos y los colores, y luego, más adelante, por la tarde, los aplica. La música es fundamental, los ritmos siempre le acompañan mientras trabaja. Cuando está con su marido escuchan jazz, pero cuando está sola suele decantarse por la ópera o la música clásica.

Su marido le ha enseñado a mirar los espacios desde otra perspectiva, por lo que el hábitat cada vez ha ido adquiriendo más importancia en su vida. A finales de los noventa y principios del nuevo siglo, ambos realizaron una serie de viajes que les marcaron profundamente. Estaban organizados por colegios oficiales de arquitectos, y destinadas únicamente a personas dedicadas a dicha la profesión, debido a su carácter específico. En el primero, con gente de Barcelona, visitaron Finlandia y toda la obra Alvar Aalto. Unos años más tarde, desde el País Vasco volaron hasta Estados Unidos, donde recorrieron las ciudades de Boston, Chicago y Nueva York, así como los edificios más representativos de Frank Lloyd Wright, Mies van der Rohe y Josep Lluís Sert. Todo lo que allí pudo ver de primera mano le dejó profundamente impactada. Le influyó el decorativismo y, a su vez, se sintió atraída por las tendencias más minimalistas.

LOS RETRATOS
Maria Lluïsa Aguiló siempre ha tenido preferencia por el retrato, por aquella necesidad de extraer la personalidad y los sentimientos, tanto personales como universales, del personaje. En sus inicios realizó retratos que se aproximan a diferentes estilos: realistas, expresionistas y cubistas. En ellos representó a personas anónimas y famosas; en estos últimos la indiscutible protagonista es la mujer.

El Colegio de Arquitectos
Ya en 1974 ganó con el retrato de “Somni i Realitat” la Medalla de plata en el V Concurso de Pintura Joven de Barcelona. Su primera exposición “Belvedere”,   inaugurada en 1984 en el Colegio Oficial de Arquitectos de Baleares de Palma, estaba comprendida por un conjunto de ochenta y dos dibujos realistas, en los que se percibe su admiración por Rembrandt. Son retratos de los miembros del Colegio de Arquitectos realizados a lápiz sobre papel, utensilio que tiene cierta relación con su trabajo técnico; es como un símbolo, un elemento que ellos utilizaban mucho, una herramienta que no soltaban y de la que podían apreciar tanto su trazo como su textura.

pym22El proceso de creación tenía relevancia, ya que todos los retratos eran realizados al natural. La artista quedaba con ellos una tarde para hablar con la finalidad de conseguir sacarles su personalidad. Se escribió: “Esta exposición es fruto del trabajo de un año intenso, en el que los arquitectos retratados pasaron casi diariamente por el estudio de Maria Luisa para posar durante al menos tres horas”. Además, de esta manera enlazaba dos elementos que le gustaban: el arte y la comunicación.

El aspecto que más le interesaba a la artista era extraer la esencia y descubrir el alma. Pretendía que la persona estuviera relajada, que la conversación fuera fluida, para que olvidaran que los estaba retratando, porque si no era imposible captar su expresión, quitarle la primera piel y la siguiente, hasta dar con el reflejo interior de aquel ser. A su vez, su intención era obtener una visión objetiva, reconocible por todo el mundo. Cuando llegaba a tal punto ya no era necesario continuar, le interesaba la simplicidad máxima, el resto se lo regalaba a la imaginación del espectador. Para ello, en ocasiones, bastaba representar un ojo para que el individuo pudiera ser identificado.

El montaje y el cartel de la exposición fueron ideados por su marido, Bernardí Seguí. En la puerta de acceso situaron un plástico transparente; al entrar veías los montículos cubiertos por plásticos blancos, en una sala de techos altísimos y, al girar, inesperadamente, se apreciaban los dibujos a la altura de la vista. Toda la decoración era blanca para resaltar los trazos del lápiz sobre un fondo neutro y monocromo. Únicamente había una silla roja de metal con un diseño muy actual, donde se había situado un espejo y el espectador, al reflejarse, podía ver su propio retrato. Al final de la sala había unas gradas para subir y observar, desde lo alto, el conjunto de obras y aquel espacio laberíntico e intimista. El título de la exposición, “Belvedere”, hacía referencia a la arquitectura, concretamente a dicha estructura. La inauguración tuvo un carácter muy familiar y cada uno de los retratados iba a intentar reconocer a su compañero.

Maria Callas
En 1987 inauguró la “Exposición-Homenaje Maria Callas”, en la galería Byblos de Palma. En esta ocasión abandonó las personas anónimas y la cotidianeidad para representar a Maria Callas, una mujer famosa por su trabajo y su fuerza vital. Para la realización de los veinticuatro óleos de los que constaba la muestra, la artista escuchó de modo continuado su discografía y se documentó con fotografías, seleccionando siempre aquellas que vigorizaban el énfasis.

Aguiló se sintió atraída por la cantante debido a su expresividad, su personalidad portentosa y el ímpetu con que trasmitía sus personajes, tanto a través de su voz, como de sus dotes de interpretación. La artista apuntó: “En realidad lo que me impactó de la Callas es su manera de transmitir lo que sentía, siempre reflejando autenticidad y gran pasión. Pintarla fue un ‘canto’ de expresión de los sentimientos propios hacia mis seres queridos”.

El objetivo de Maria Lluïsa era plasmar la máxima expresión, el punto álgido de la tragedia universal, y para ello se adueñó de los personajes que la soprano representaba en sus óperas.  Pedro Bujosa escribió: “Ha trabajado el oído para traspasar el espíritu, la fuerza, la magia que lleva la voz a la expresión de un rostro en una tela. El rostro gélido de Turandot; la sonrisa aún despreocupada de la Violeta del primer acto; la desesperación de Tosca; la ingenuidad de Butterfly; la sencillez de Magdalena, la querida de Chènier”. Quería expresar con mucha fuerza una sublevación de las emociones, el interior del alma, los más instintivos sentimientos: lucha, ansiedad, pena, odio o amor.

El resultado es un conjunto de pinturas que captan y transmiten la magia seductora interior y exterior de Callas, y su personalidad portentosa. Todas con el mismo rostro, pero cada una transmite un sentimiento eterno y universal distinto. Rafael Perelló-Paradelo escribió: “Maria Lluïsa Aguiló en cada retrato, ha logrado que aflore, con suavidad de arroyo e ímpetu de riada, toda la vibración, toda la vitalidad, toda la expresión, y toda la sutileza que el alma de una actriz y cantante genial como Callas pudo experimentar y transmitir a sus personajes”.

La fuerza expresiva de las telas se potencia en el montaje de las mismas. Cada una de las pinturas está contenida en marcos diferentes, diseñados por su marido. Unas están montadas sobre mármol negro o cristal traslúcido, otras llevan pedestal y, entre otros materiales inusuales, utiliza ónix y gravilla.

Tamara Lempika
pym33Su siguiente exposición fue “Visió de Dona”, en 1993, dedicada a la artista Tamara Lempika, en la Sala Guillem Mesquida del Centre Cultural de la Misericòrdia. Constaba de cuarenta retratos de dicha pintora, que nacían de una investigación psicológica de la misma. Los primeros que realizó eran de pequeñas dimensiones, posteriormente se decantó por otros más grandes en los que se centraba únicamente en el rostro y donde ya se podía percibir un estilo mucho más libre. En la exposición también se pudo visionar un vídeo sobre la vida del personaje y una recreación de su estudio.

Después de Callas, que es un personaje caluroso, pasa a otra mujer con un carácter antagónico, fría y distante, que nunca miraba a los demás, sólo estaba pendiente de ella misma. La escoge como contrapunto a su obra anterior, y de esta manera se enfrenta con retratos de estilos diferentes, pasa del expresionismo a una influencia cubista.

En primer lugar le interesó su obra llena de claridad y sofisticación; posteriormente se adentró en su personalidad. El carácter de dicho personaje, como ya hemos indicado anteriormente, tenía ciertas semejanzas con el de la madre de la artista. Era una mujer de belleza fría, libre, ambigua y desafiante, que llevaba a cabo su empresa ella misma, y tenía claro que su fin justificaba los medios.

Maria Lluïsa se apropia de los aspectos estilísticos que le resultan más atractivos de su obra para explorar el alma de la mujer: la influencia de la arquitectura y el art decó; una visión de la escultura con sus juegos de volúmenes; y el retrato de lo femenino con su voluptuosidad, evasión y libertad.

ABSTRACCIÓN ESPACIAL
En esta nueva etapa Maria Lluïsa Aguiló abandona el retrato para decantarse por una abstracción en la que trabaja elementos como el espacio y la arquitectura, vacíos y volúmenes, el color y el gesto, y la geometría. Poco a poco se fue sintiendo cautivada por los fondos arquitectónicos de las obras de Lempika y en busca de nuevas licencias comenzó a trabajarlos, liberándose de la figura que le condicionaba y continuando con el espacio que la envolvía.

En 1995 inauguró la exposición titulada “Buits”, en el Centro Cultural de Escorxador en Marratxí. Las telas que se pudieron observar ya eran totalmente abstractas, había eliminado al personaje, pero dejando constancia del vacío que éste había dejado. Experimenta con espacios y colores, en busca de la forma creada a partir de la ausencia de figura. Busca eliminar, limpiar, quitar todo, para poder intervenir en todo el espacio. A pesar de todo no son un único campo de acción, sino que siempre sobreviven los puntos que indican el recuerdo del elemento eliminado.

En estas pinturas predomina la línea recta, con la que simula unos espacios dentro de otros. Las huellas de los vacíos se insinúan como cortes, incisiones o agujeros. Existen dos planos creados a través del contraste entre dos colores, complementarios, o fríos y cálidos, en los que uno deja ver el otro. Introduce texturas, volúmenes, arenas y polvos de mármol, a los pigmentos acrílicos.

El siguiente paso, en su serie de abstracción escultórica, fue llenar los vacíos con volúmenes, pero en lugar de reincorporar la figura humana se decantó por cuerpos abstractos de formas geométricas. Se puede asociar a los relieves en los que las esculturas intentan sobrepasar los límites de la superficie, pero en este caso son únicamente masas de contornos creados a partir de líneas rectas. Además continuó experimentando con materiales, como piedras o papel, y con sus transparencias, aproximándose al collage.

A continuación inició un periodo de insinuaciones poéticas, en las que lo gestual, las manchas y la luz adquieren todo el protagonismo. Son pinturas creadas a base de composiciones de manchas ordenadas en un espacio, pero que no persiguen una forma determinada. Desaparece la materia y los elementos geométricos, y las formas indefinidas pueden ser mil cosas, dejando libertad a la imaginación del espectador para que las acabe de precisar. Plasma elementos más simples, alusiones, sentimientos, cosas indeterminadas de las que te quedas simplemente con su nebulosa o el rastro de su olor.

Siguiendo en esta tendencia, realizó una serie de pinturas de formatos pequeños y cuadrados, que modeló a base de una pincelada delicada, donde la luz y los dos planos creados por los colores, juegan a las trasparencias.

Después de una serie de obras donde se permitió un desajuste y ciertas libertades, Maria Lluïsa Aguiló necesitó volver a concretar, a organizarse y a ser concisa. Retomó las piezas anteriores y sustituyó las esculturas por laberintos. Surgieron así espacios dentro de aquellos volúmenes. Regresó a las formas geométricas y realizó encrucijadas donde lo más importante era la dualidad entre llenos y vacíos.

En estas telas la artista concibió diferentes y complejas composiciones, donde jugó con las formas rectangulares y sus vacíos interiores. Buscó una ordenación del espacio cerrado en sí mismo, con elementos muy simples que se van relacionando y creando recorridos visuales.

ABSTRACCIÓN GESTUAL
A finales de la década de los noventa Maria Lluïsa Aguiló continuó con la abstracción, pero trasladó su interés de los conceptos espaciales a los gestuales. Comenzó un periodo de pinturas compuesta a base de líneas muy sencillas, que luego se complican formando entramados y simulando texturas. Entre dichas líneas aparecerán signos, para  al final convertirse en palabras.

Finestres Imaginàries
En 1998, inauguró la exposición “Finestres Imaginàries”, en la Sala de Exposiciones de l’Ajuntament de Calvià. En ella se pudieron ver sus primeras abstracciones gestuales con sus característicos entrecruzados. El origen de dichas pinturas se debe a que la artista tenía un abanico de formas y sintió la necesidad de ordenarlas, de crear un espacio único que no tuviera puntos de referencia en ningún sitio. Eligió la línea horizontal y no otros elementos, porque ésta le evoca la naturaleza, la escritura, la lectura… y le induce a la relajación. Gonzalo Company Prohens escribió: “En su trabajo nos enseña su postura universal. Es una pintura de increíble concentración, contemplación y simplicidad”.

Mientras escuchaba música clásica experimental, iba ordenando y el trabajo se convertía en una especie de terapia. Apuntó: “Es como si fuera haciendo rezos en horizontal y todo se va asentando. Es un acto de recogimiento que el inconsciente retiene, como cuando uno escribe en la arena, aunque nadie lo lea o cuando miras una puesta de sol”. En dichas telas la elaboración adquiere relevancia. Es un trabajo meticuloso, que necesita un tiempo prudente y de sus pausas a cada gesto. Es como un guiso a fuego lento.

Al principio eran sólo líneas horizontales que se superponían sobre un fondo homogéneo otorgando el interés a la gestualidad. El segundo paso fue que a cada línea paralela le ponía unas verticales. Además, en sus inicios experimentó con volúmenes y superficies rugosas donde introducía piedras o arena, pero finalmente se decantó por eliminar cualquier tipo de materia.

Las telas están compuestas por un sinfín de capas superpuestas, creadas a base de líneas horizontales de diferentes colores, como si de hilos se tratase, se van entrecruzando para dar forma a un tejido o tapiz. Una encima de otra, evocan una efervescencia atmosférica de entramados que bien podrían ser persianas que dejan entrever la luz. Maria Lluïsa comentó: “Vas alineando todo y los sentimientos van aflorando de una manera tranquila y cuando se hace una visión de todo ves todo el conjunto y entonces ves que de pequeñas palpitaciones sale el corazón de la obra que se ha conseguido con la respiración de cada momento”.

Cada tela es una propuesta la de color. Crear diferentes tonos y la intensidad varía según las zonas, debido a que cuando la pincelada ya acababa y retomaba el pigmento otra vez, éste tenía más colorido. Cuando finalizaba una y empezaba la otra nunca se encontraban en la misma posición. Entonces se vislumbraba a la persona, a la artista, en el desgaste de su impronta.

Los colores hacen referencia a visiones e imágenes exteriores: el azul del mar, el amarillo de la puesta sol, el verde del campo. Los blancos o negros no existen. Te contagia de la naturaleza y de la vida. En otras ocasiones, parece haber comenzado con una gama de colores calientes, pero en las últimas opta por otro color que parece ocupar todo el espacio y sepultar los anteriores, que sutilmente se dejan entrever. Esto provoca en el espectador que se acerque para vislumbrar lo escondido en las capas inferiores.

Estas telas son entradas al alma, a la imaginación y a nuestros sentimientos más profundos. Gonzalo Company Prohens escribió: “Estas obras son como ventanas de colores; son ventanas imaginarias, ya que cada una expresa un sentimiento distinto. Estas ventanas con ayuda de nuestra imaginación nos pueden llevar al mar, al desierto, o un rayo de sol que descansa a nuestro lado”.

Símbolos
De las obras anteriores comenzaron a surgir a la superficie unos símbolos que estaban escondidos tras el entramado. Lo que estaba en el último plano pasa al primero, dejándolo al descubierto. En otras ocasiones, iba tapando la base de signos y se quedaban como un escrito interior.

En estas piezas se hace patente la tendencia de la artista al detallismo. Introduce colores como el dorado o plateado que dominan sobre el resto. A su vez, provocan el contraste entre colores transparentes y opacos, incidiendo en la combinación de dos planos. Estos pigmentos hacen alusión a diferentes elementos musicales: notas, instrumentos, partituras…; y de la escritura antigua: códices, miniaturas, manuscritos…

Investigó y representó conjuntos de signos; el lenguaje de las constelaciones, alfabetos, caracolas… con las que creó unas ordenaciones muy puntuales. Se convierten en elementos que se entrelazan unos con otros para finalmente llegar a la escritura. Todos buscan el espacio general, pero se refieren a cosas diferentes. Se van convirtiendo en un tipo de grafías no legibles que pueden recordar a las tablillas sumerias.

Palabras
En el año 2005 realizó dos exposiciones: “Harmonia”, en s’Escorxador de Marratxí, como consecuencia de haber ganado el Primer Premi de Pintura Sant Marçal 2004; y “Entrelínies”, en el Centre Cultural Can Gelabert de Binissalem. En ambas exposiciones ya se podían observar sus nuevas telas repletas de palabras. Además, mostró otras tendencias que trabajaba de forma paralela. En la primera, presentó un conjunto de piezas que hacían alusión al espacialismo cromático. Maria Lluïsa, como homenaje a Rothko, reinterpreta su obra a partir de una visión subjetiva. Realiza telas de pequeño formato en las que utiliza pocos elementos y únicamente dos gamas de color muy claras e introduce tonos dorados. En la segunda muestra se pudieron ver tres piezas escultóricas que representan manos femeninas en acciones que giran en torno a la lectura, una tendencia que la artista ya venía desarrollando desde mediados de la década de los noventa y que veremos en el próximo apartado.

Aguiló se adentró en un nuevo camino para explicar la universalidad. Sus pinturas continuaban naciendo de momentos de paz, reflexión, soledad consciente y deseada, que transfería a la obra. En cambio, en estas telas, la escritura invade todo el lienzo y se convierten en un diario de lo inexpresable, un código personal y rastro gestual de palabras inexistentes. Maria Lluïsa apuntó: “Puedes entablar un diálogo desde la primera hasta la última porque se mantienen a la vista. La superposición es como si dijéramos que en la vida ha pasado un día, y ha pasado otro y otro. Entonces, se va sumando todo lo que dices, lo que has dicho y lo que dirás. Todo se puede vislumbrar en uno”.

La artista ha llenado la superficie de sus lienzos con líneas y grafismos que se repiten, formando tramas de laborioso artificio. Las letras dejan de ser el soporte del significado para transformarse en líneas constructivas, en elementos materiales de la composición, pero prima el gesto sobre cualquier otro aspecto. Crea atmósferas sutiles donde se muestra la caligrafía como un rastro humano, ordenado en su totalidad. Aguiló señaló: “Las letras son un elemento gestual que lo recuerda todo: lo que simplemente está escrito, los poemas, el pensamiento, lo cotidiano… y con sus horizontalidades, sus paisajes, su simbología. Son un mundo en sí mismas”.

El trazado de las letras, sus tonos, su disposición, o incluso sus ritmos, acaban desdibujándose y crea una vibración diferente que las convierte en otra cosa. La escritura más salvaje predomina sobre el fondo, a veces se asfixia, y en otras ocasiones,  se duplica; En otras pinturas, el fondo tiene el mismo interés, sobresale o se equipara, dando lugar a muchas variantes. Crea espacios evocadores, donde se superponen signos y colores. Estos últimos compiten unos con otros, provocando que la obra vibre, y aunque en ocasiones sea un mismo color, son diferentes las tonalidades. Así su pintura se convierte en un espacio espiritual de escritos y manuscritos interiores, obras en las que coge la belleza formal y la estética de la escritura para convertirla en poesía visual.

ESCULTURA E INSTALACIÓN: LAS MANOS
pym44La artista, entre 1996 y 2005, coincidiendo prácticamente con el periodo de abstracción gestual, realizó una serie de instalaciones escultóricas, en las que manos de mujer en acción pasan a ser las protagonistas. En dichas piezas reflexiona sobre diferentes conceptos como: el gesto, el espacio, el volumen, la figuración, el movimiento y lo femenino. Selecciona y detiene una serie de actitudes que recuerda haber vivido siempre y pasa a representarlas en cada una de las obras, a través de composiciones de manos totalmente blancas de escayola y a tamaño real, combinadas con hierros y madera, que giran en torno a una temática concreta, y donde los juegos de sombras destacan por su sutileza.

La primera exposición en la que presentó esta serie de piezas fue en “Ben Dinat”, que se inauguró en 1996 en el Casal Balaguer. Fue una muestra colectiva en la que también participaron Bàrbara Flaquer, Maria Horrach y Bel Miralles. En ella, el hecho cotidiano de la alimentación iba más allá del simple hacer habitual y se convirtió en el motivo principal del hecho artístico. Pilar Ribal escribió: “Señalemos que, en los aspectos en los que más se ha querido insistir son el consumismo y la mediterraneidad, los hábitos del hombre y el fruto de su tierra”.

Aguiló desarrolló la parte gestual con la representación de manos: rompiendo un huevo, amasando y cortando pan, pelando una patata, utilizando un mortero y repartiendo alimentos mediterráneos. La mujer con sus instrumentos, como si se tratasen de armas, reivindica su historia. Trabaja con herramientas o utensilios de la cocina: paletas, cuchillos, rodillos, mazas… realizando actividades propias de ésta. Javier Sauras escribió: “Sí la naturaleza muerta, ‘vanidades’ e incluso bodegones suculentos representaron la apoteosis de la pintura barroca, desde sus aspectos más crípticos y metafísicos, esta muestra es, de alguna manera, un gran bodegón actual, hecho al lenguaje expresivo de nuestro tiempo y aliñado con las especies de nuestra época: la prisa, la caducidad, la reiteración, sí, aquello repetitivo como acre señal de la tristeza brotada en medio de la abundancia feliz, como mancha inoportuna encima del mantel, que resiste los más enérgicos detergentes espirituales”.

A finales de los noventa, Maria Lluïsa se involucró en un proyecto de intercambio con artistas extranjeras. Dicha experiencia consistió en que un grupo de cinco mujeres de cada país (Finlandia, Alemania, Suiza y España) realizaron un viaje de una semana a cada uno de los lugares (a excepción de Suiza), en el que compartieron sus experiencias artísticas, realizaron una exposición conjunta y diferentes actividades.

pym4En primer lugar, en 1999 se celebró “In Via 1” y visitó Helsinki (Finlandia) y Essen (Alemania). Al año siguiente se llevó a cabo “In Via 2”, en el Casal Balaguer de Palma. A su vez, como estaban instaladas en Santanyi, se les propuso realizar otra muestra en s’Hort, donde presentaron obras diferentes y Maria Lluïsa participó con una de sus pinturas de abstracción gestual.

Cada artista debía aportar una obra, una maleta, como un espacio reducido que obligaba a la selección y conllevaba una propuesta de identidad e intimismo. Ella presentó “Reliquiari”, una instalación de cinco manos que sujetan abanicos. Estas se adentran en una revisión de la historia del arte, con diferentes posturas extraídas de famosas pinturas. Utiliza como soporte antenas de coche, que salen de la maleta, a su vez, con forma de abanico, y las suspenden a diferentes alturas. Cada pose es un gesto y todos en su colocación aluden al vuelo de una paloma. Pilar Ribal escribió: “Maria Lluïsa Aguiló pone énfasis en la importancia del gesto. Las manos son protagonistas de un hermoso montaje escultórico que escenifica la gracilidad del movimiento, de cinco movimientos aprendidos de una personal lectura de la historia del arte. Y es que todo se mueve, incluso aquello estático que se representa, que la imagen congela y detiene, y depende de nuestra mirada captar el ritmo invisible de las cosas”.

En el 2004 participó en una exposición colectiva en la galería “es Racó” de Sóller, donde presentó por un lado cuadros que hacen referencia a aspectos musicales, que posteriormente desarrolló en profundidad, y por otro, las composiciones de manos femeninas, en este caso, que representan juegos de mesa: ajedrez, damas, dominó, cartas… donde recogió muchos movimientos para que tuviera eficacia el gesto.

Al año siguiente tomó parte de la muestra “Cinc i un punt”, en s’Escorxador de Marratxí. En ella colaboraron Maria Horrach, Francisca Segura, Sole Sancho, Gabriela Seguí. La finalidad era que cada una hiciera una propuesta a partir de su visión particular sobre el punto. Maria Lluïsa se enfrentó a dicho concepto presentándolo como un apartado musical. Se pudieron ver algunas telas, que trataremos en un apartado posterior, y a su vez, unas manos. Una con un pincel, y la otra, apoyándose sobre un tiento y marcando un punto sobre la pared, una pieza con la que crea un interesante juego de luces y sombras. Se escribió: “Maria Lluïsa ha sido fiel a su estilo. Ha pintado palabras, que ha convertido en los puntos del lenguaje braille, y ha esculpido manos que pintan y escriben puntos”.

Aquel mismo año inauguró la exposición individual “Entrelínies”, que tratamos en el apartado anterior, compuesta por pinturas repletas de palabras. Era una muestra dedicada a la escritura y a la lectura, donde las composiciones de manos que exhibió se hacían eco de ello: manos en acción, pasando página, escribiendo con una plumilla antigua y tomando nota en una libretita.

RETORNO AL RETRATO-PALABRAS
Maria Lluïsa Aguiló, después de varios años, retomó el retrato enlazándolo con sus pinturas de palabras. No le interesaba un lenguaje directo, sino que los rostros estuviesen recubiertos por algo. Al contemplarla, las letras esconden los semblantes con intención de resguardarlos, tan sólo insinúan, lo que atrae al espectador. Siempre presente en su obra destaca el color, relacionado con la trasmisión de sentimientos.

Mirades protegides
En el año 2006 presentó la exposición “Mirades Protegides”, en la Casa de Cultura de Can Jaume Antoni de Santanyi. Allí se pudieron ver un conjunto de retratos en los que mostraba el alma de las personas. Buscaba aquello que se escondía detrás de las ventanas de los ojos e introdujo otro elemento humanizador: palabra, que se convirtió en escritura, debido a una necesidad de dejar constancia gráfica de los sonidos que emitía para comunicarse. Un velo de palabras se superpone al personaje que retrata para proteger su mirada.

Los personajes que le interesaron fueron aquellos de los que realmente sabía algo de su vida. Retrató a Lee Miller, una mirada llena de sufrimiento y pasión, que cautivaba por su ambivalencia: una gran fotógrafa y a su vez, un icono de belleza. Después de tanto recorrido, la artista no quiso que los suyos quedaran fuera y decidió dejar constancia de su familia en un momento y una edad determinados. Representó a sus hijos y a su madre en grandes formatos para zanjar así el tema. Brindó un adiós a aquel instante que estaba casi sucumbido, a una juventud que se transformaría en un nostálgico recuerdo.

Cada tela tiene sus leyes y una relación psicológica con el color. Maria Lluisa Aguiló apuntó: “A Gabriela la representé en tonos verdes como una persona muy equilibrada. Los dorados recalcan su esencia artística. Es un personaje muy puro y libre que mira a la vida a través de su obra. La mirada hacia abajo hace referencia a la atracción que ella siente hacia lo suyo. Pau es representado dentro de su ambigüedad. En su faceta más directa la de la comunicación aparece entre azules, y en la otra, de recogimiento, inserto en la lectura y envuelto por grises. Pedro, el más pequeño te mira directamente a la cara, retratado con rojos que transmiten su juventud pasional. En cambio, mi madre, ya fallecida, asoma entre violetas por el recuerdo y su avanzada edad”. Las palabras adquieren un significado secreto, se transforman en un velo que les preserva, que cuentan todo lo que la artista era capaz de decir sin que nadie pudiera leerlo y que les describe ilegiblemente.

La dona i el mite. Medea
pym5La artista, al año siguiente, realizó la serie “La dona i el mite. Medea”, donde retomó el personaje de Medea que ya retrató en el homenaje a Maria Callas. Representó dicho personaje en diferentes momentos o escenas de su historia, a través de las cuales buscaba plasmar las interioridades emocionales de la mujer reflejadas en el espejo de la contemplación. Deseaba expresar sentimientos globales de la humanidad, por los que todos hubiéramos pasado en algún momento de nuestras vidas.

La tragedia griega ha aportado arquetipos de las pasiones humanas. La Medea de Eurípides es una historia llena de ferocidad, obsesión vengativa, implacabilidad, pasión desenfrenada, obstinación y barbarie. La historia de Medea es la de la venganza. Un conflicto entre el amor de madre y el odio a su marido infiel, donde el deseo de venganza cuestiona el amor maternal.

Son siete los estados de ánimo de la heroína: orgullo, pasión, desconfianza, miedo, ternura, desesperación y la última mirada. Cada lienzo se presenta íntimamente ligado con el transcurso de la leyenda; transmite un sentimiento totalmente vinculado con su color. Maria Lluisa Aguiló escribió:

“El orgullo como principio de todo, es blanco, puro, aún no se ha manchado de la acción que vendrá, es la ausencia de color, la luz que se irá matizando. La figura representada es el inicio del camino, se muestra de perfil, contempla su destino apunto de comenzar. El personaje muestra coraje, fuerza.
La pasión: es el amor que comporta una futura pérdida y la ebriedad de la situación furtiva del que ama. El color aquí es rojo profundo, de sangre, de vida con reflejos de oro. Ella mira a su amor.

Desconfianza, la diosa percibe la traición. La mirada es la metáfora del sentimiento y el color es frío, azul.
Miedo: la mujer tiene miedo, es humana, se asusta de ella misma, se sumerge en un verde profundo incierto.
Ternura: el momento más álgido de cada ser humano, es cuando contempla su creación, sus dos hijos; es madre,
el mundo que le envuelve dorado, toda su belleza luce.
Desesperación: Medea ha destruido cuanto ha podido, la pérdida voluntaria de todo lo que ama la destroza,
la desvanece, está vacía. Los tonos grises, de humo, negros cenizas, la atmósfera de la destrucción.
Última mirada: la heroína dice adiós a la vida, nos deja el legado de la acción,
se inmortaliza en un adiós de color violeta con reflejos de plata, de sufrimiento, la mujer que mira su amor con melancolía”.

Los sentimientos internos que trasmiten las pinturas cogen forma a partir del color, y a la vez, al superponer las letras a sus expresiones se crea una capa protectora de aquello que se ve, generando el interés de un pasado que es a la vez presente. Es la historia escrita tan sólo en una línea de palabras.

ABSTRACCIÓN MUSICAL
Las líneas de palabras se convierten en pentagramas y las letras otra vez en símbolos, para retornar a la abstracción. Las primeras obras que hacían referencia a la música se pudieron ver a mediados de esta década, en las exposiciones colectivas que realizó en la galería “Racó” en Sóller, y en “Cinc i un punt” en s’Escorxador de Marratxí, pero ha comenzado a dedicarse de manera más contundente este último año.

Estas pinturas son una apuesta gestual a partir de líneas de palabras que comienzan a separarse para convertirse en partituras, en las que posteriormente aparecerán símbolos. Unas tenderán a difuminarse y tan sólo quedaran líneas, y en otras, en las que superficie del lienzo se cubre por un color homogéneo, irán aflorando puntos. Los elementos surgen, en un primer momento, desordenados, pero luego la artista los va recolocando. Avanza sobre la línea, aunque siempre quitando o introduciendo nuevos elementos.

Maria Lluïsa Aguiló en estas obras trabaja nuevos conceptos como el ritmo, la composición y el punto, para aproximarse a una tendencia mucho más plasticista y detallista. Estas aportaciones musicales pueden relacionarse con muchas cosas: partituras de pianolas, el lenguaje braille de los ciegos, elementos rítmicos o series de todo tipo. Estas últimas las va aplicando, marcando ritmos y trabajando de manera aislada y fragmentada, para luego verlas en conjunto, y es entonces cuando realmente se organiza toda la serie musical. Aparecen colores y cantidad de elementos pequeños que suben o bajan confiriendo movimiento a las líneas. Con una pintura de este estilo titulada “Sense partitura”, ganó en mayo de 2008 el primer premio en el XX Certamen de Pintura de Son Carrió.

A Maria Lluïsa Aguiló siempre le ha interesado que las cosas no tuvieran un lenguaje directo, que estuvieran envueltas en algo. El retrato y sus personajes, la abstracción tanto espacial como gestual, la importancia de la relación entre la pintura y la música, lo femenino siempre presente, el color vinculado a los sentimientos, el volumen haciéndose eco del gesto, todo ello trabajado duramente y a conciencia para extraer su esencia de sus más recónditos escondrijos. Continuamente retoma y se reencuentra con aspectos ya examinados anteriormente, completando de forma indefinida el eterno círculo-retorno con el que caracteriza su evolución estilística.

Palma, mayo de 2009

Texto para el catálogo de la exposición Maria LluïsaAguiló / Obres 1996-2009
Ses Voltes, Palma, 2009

Fotografías archivo de la artista